Archive for 28 diciembre 2010

Diferencia principal entre el software libre y el propietario

28 diciembre, 2010

¡Ejerce tu libertad!

Anuncios

La SEP y la eliminación de las humanidades

24 diciembre, 2010
Entre septiembre y octubre de 2008, la SEP inició una Reforma Integral de la Educación Media Superior (RIEMS), a través de dos acuerdos (442 y 444) publicados en el Diario Oficial de la Federación. Esta reforma, dictada y orientada por la OCDE e inspirada en el Plan de Bolonia, tiene una gran trascendencia porque afecta a millones de estudiantes. Se trata de un paso más en la estrategia neoliberal puesta en marcha en el país desde 1982 y proseguida por todo y a pesar de todo por los gobiernos priístas y panistas. Algunas de sus características son: ubicar a todos los subsistemas de educación media superior (Colegio de Bachilleres, Conalep, Cecyt, las preparatorias de las universidades con excepción de la UNAM) en un Sistema Nacional de Bachillerato (SNB) controlado por el gobierno; poner en práctica una reforma educativa tecnocrática y eficientista basada en el método de competencias y eliminar, en lo posible, la función propedéutica que tenía la preparatoria para convertirla prácticamente en el último grado de educación de los mexicanos. Para este fin, los artífices de la RIEMS fijaron un marco curricular común para todos los subsistemas que estaba inicialmente formado por cuatro áreas disciplinares: matemáticas, ciencias experimentales, ciencias sociales (donde se ubicó la historia) y comunicación (donde se colocó la literatura). En otras palabras, la reforma ya no contemplaría ni el área de humanidades ni las asignaturas filosóficas como obligatorias.

¿Cuáles eran las razones? La SEP nunca las ha explicado pero no hace falta mucha perspicacia para descubrirlas: se trata de un proyecto de instrucción para el mercado de trabajo. Ante ello, desde un primer momento, las asociaciones de filosofía del país, organizadas en el Observatorio Filosófico de México (OFM), denunciaron, con el apoyo de la comunidad científica y cultural del país, el enorme desatino que implicaba la supresión de las disciplinas mencionadas para la educación. Afortunadamente, diversos factores hicieron que las autoridades educativas se retractaran y llegaran a un acuerdo (el 488) con el OFM, avalado por las autoridades educativas de todo el país y que se publicara en el Diario Oficial el 23 de junio de 2009 restableciendo el área de humanidades y considerando la lógica, la ética, la estética y la introducción a la filosofía como disciplinas obligatorias. Ese mes se celebró en Santo Domingo la Reunión de alto nivel sobre la enseñanza de la filosofía en la educación media superior convocada por la UNESCO y allí descubrimos que en otros países de Latinoamérica, desde hace unos años, se había suprimido la enseñanza de la filosofía; se había cambiado de nombre a los cursos y se había declarado que su función era transversal con los resultados de la eliminación de la disciplina. En esa oportunidad se redactó un importante documento (que se puede consultar en www.ofmx.com.mx) rechazando esa tendencia tecnocrática y antihumanística. Pasaron los meses y la SEP no movía un solo dedo para cumplir el acuerdo y, por tanto, el 5 de febrero de 2010 hicimos entrega tanto al titular de la SEP, Alonso Lujambio, como al subsecretario de Educación Media Superior, Miguel Ángel Martínez, de una carta firmada por un centenar de profesores e investigadores; representantes de todas las escuelas y facultades de filosofía del país y avalada por la Federación Mundial de Sociedades de Filosofía (FISP) donde se demandaba el cumplimiento de las disposiciones del acuerdo 488. La respuesta verbal (que está grabada) que dio el subsecretario a una comisión del observatorio fue negativa. En otras palabras, la SEP se retractaba de sus propios acuerdos y la mayor prueba es que hasta el momento, pasados 10 meses de la publicación del acuerdo 488, los funcionarios de la secretaría no han ofrecido una respuesta por escrito a nuestro documento ni se han interesado en promover los cambios de los planes y programas de estudio en los subsistemas. Frente a ello, hay que felicitar al Consejo Universitario de la UNAM por su excelente, preciso y contundente comunicado del 7 de abril, conminando a la SEP para que cumpla con el acuerdo 488.

¿Por qué la SEP se opone a las humanidades y la filosofía? A mi juicio, los autores de la reforma creen, en forma equivocada, que la formación técnica y competente está reñida con una buena formación filosófica y ya no se diga humanística. Se trata de un inmenso error. En las condiciones en que se encuentra el país, que afectan especialmente a la juventud, ¿no debería de ofrecerse un curso de ética bien formulado, no doctrinal y laico, donde se aborden los temas como el de las drogas, el narcotráfico, el aborto, la clonación, la muerte asistida, la enajenación, la desigualdad o la crisis de valores?; ¿el estudiante no debería saber cuáles son las concepciones filosóficas que han conformado a nuestra sociedad desde el pensamiento prehispánico hasta la actualidad?; ¿no debería tener elementos para conformar un pensamiento propio y correctamente formulado? ¿Y no debería ser consciente de la dimensión estética que se expresa en el arte o la literatura? Y en el caso de la técnica, ¿no debería saber qué es la técnica; cuál es su función en la sociedad y cuáles son sus formas de utilización beneficiosas o perjudiciales para la naturaleza y la especie humana? La respuesta de las autoridades ha sido y es la supresión de estas dimensiones en la formación del estudiante para que sólo se preocupe de cómo integrarse en forma acrítica, alienada y mecánica a las formas de trabajo exigidas por la globocolonización. Pero además de negarse en los hechos a incorporar las humanidades han recurrido a la simulación colocando cursos como los de construcción de la ciudadanía que, por el contrario, no deberían ser exclusivamente filosóficos sino interdisciplinarios.

Para documentarse, los tecnócratas de aquí y de allá, deberían leer el libro de la UNESCO La filosofía, escuela de la libertad, donde se expone que la materia debería ser enseñada en todos los niveles para conformar una auténtica ciudadanía democrática. Agregaría que la filosofía bien enseñada (ojo, autoridades de la SEP) permite la conformación de una mente libre, creativa, dispuesta a debatir y dialogar racionalmente sobre los grandes problemas sociales y que coadyuva a que los individuos puedan desempeñar en forma competente cualquier actividad. La filosofía y las humanidades proporcionan a los individuos armas culturales, históricas y lingüísticas para poder enfrentar un mundo extraordinariamente conflictivo como el actual. Es por ello que la SEP está obligada a cumplir ética y jurídicamente sus propios acuerdos.

* Coordinador del Observatorio Filosófico de México y profesor-investigador de la UAM-I.

Fuente:http://www.jornada.unam.mx/2010/06/29/index.php?section=politica&article=022a2pol

Aquí se puede aportar una firma de apoyo: http://ofmx.com.mx/firmas.html

¿Por qué es importante la filosofía?

Facebook, el Gran Hermano de la realidad

23 diciembre, 2010

Not f'd — you won't find me on Facebook

Recordando esa exelente novela de George Orwell, 1984, uno puede fácilmente darse cuenta (si es que no tiene miedo a ser decubierto por la policía del pensamiento) que tal historia de ciencia ficción, está dejando de serlo y hoy en día tenemos un gran hermano real, que por el momento no es tan poderoso, todavía no vigila a todo el mundo, hay quienes aún siguen siendo libres de la mirada del Facebook, pero cada vez somos más los que caemos en su lupa.

Sí, el Facebook, esa tan afamada red social que tanto éxito tiene hoy en día. Aparentemente uno entra libremente al Facebook y se registra sin mayor problema. Para formar parte de la red no hay mayores dificultades, el registro es “gratis”. Uno entra, busca a sus amigos y conoce más. Comparte información, fotos, gustos y un montón de cosas más; sin embargo, estas actividades que realizamos inocentemente son aprovechadas descaradamente por otros individuos que se aprovechas de la información que les damos para lucrar con ella.

Si el facebook realmente fuera gratuito, ¿no es obvio que sería dificil su mantenimiento? Eso no puede sobrevivir simplemente de donaciones. Pues toda esa información que nosotros le damos al Facebook, sirve para saber los gustos de la manada. Sí, cada vez que damos click en el famoso “me gusta”, esa información debe ser aprovechada para ser vendida a las empresas que financían a la red social. Creo que es obvio el motivo, pero bueno, toda esa información que es vendida a las empresas, a ellos les sirve para la producción masiva de esas cosas que tanto nos gusta. ¿Pero cómo bien que adivinan las empresas cuáles son los gustos de la gente verdad? Pues no, aunque la policía del pensamiento nos pueda casi detectar la mente, el Facebook no tiene todavía esa capacidad, somos nosotros mismos los que les proporcionamos tal información y gracias a ello, nos controlan. Sí, nos controlan manteniendonos comprando toda esa mierda inservible que producen para nuestro consumo.

El gran hermano de la realidad, el Facebook, lo sabe todo sobre la vida de sus usuarios, nombres, domicilo, teléfono, correo electrónico, sitio web, fecha de nacimineto, relaciones,  ideología, creencias, gustos literarios, actividades de nuestro gusto, gustos musicales, programas de televisión favoritos, y no conforme con eso, está al día de las actividades que realizamos, pues hay una caja de texto en donde cada usuario puede poner su estado para demostrar su estado de ánimo o las cosas que le suceden. Se puede cambiar a diario y a cada momento. Se peude hacer en cualquier momento; con eso de que el Facebook es un vicio para muchos (y lo peor es que la mayoría se enorgullecen de depender de ello), hay quienes actulizan su estado a cada minuto y así, el gran hermano está simpre al tanto de lo que hacen sus subditos, entre más continuos sean los cambios, más sabe de nosotros, más nos atrapa.

Si hemos leido la novela de Orwell, podemos darnos cuenta de que es una clara crítica al régimen comunista; que el gran hermano se ha impuesto a través de la fuerza de una “revolución”. Con el gran hermano de la realidad sucede algo distinto, nosotros mismos le estamos dando entrada a nuestras vidas, nosotros mismos le estamos dando poder para controlarnos y sin apenas darnos cuenta.

Me parece que deberiamos tomar en cuenta la situación y reflexionar si realmente nos hace falta contarle a este espía lo que hacemos a cada momento, si realmente necesitamos regalarle nuestra información para que lucren con ella y tomen el control sobre nuestras vidas. Tal vez parezca o suene una idea fuera de lugar o exagerada, pero si lo reflexionamos y analizamos con cuidado cada punto podemos darnos cuenta de que esto no carece de lógica.

Las grandes cuestiones de la filosofía

18 diciembre, 2010

Filosofía Aquí y Ahora, primer capítulo, conducido por José Pablo Feinmann.

 

Para ver más capítulos: http://www.filosofiaaquiyahora.com.ar

Los despreciados filósofos en el mundo antiguo, pero todavía en el mundo actual

17 diciembre, 2010

Los filósofos, amantes de la sabiduría y de la verdad, han sido desde su aparición en la Grecia clásica, despreciados, y en ocasiones hasta condenados por el hecho de ejercer una profesión de “locos”. Se han encargado desde su aparición de asuntos relacionados con las grandes preguntas de la humanidad. En sus inicios, la principal preocupación de los filósofos fue, explicar racionalmente el mundo, su formación y su conformación.

El primer filósofo fue Tales de Mileto (639 – 547 a.C.), y desde este primer hombre dedicado a la filosofía, el menosprecio hacia ellos ha sido evidente. Así lo cuentan algunas anécdotas: «se dice que una aguda y graciosa esclava tracia se burló de Tales, porque, mientras observaba las estrellas y miraba hacia arriba se cayó en un pozo; ávido por observar las cosas del cielo, le pasaban desapercibidas las que estaban detrás de él y delante de sus pies»1.

Y otra más dice que «cuando, por su pobreza, le reprochaban que la filosofía era inútil, tras haber observado por el estudio de los astros que iba a haber una gran producción de olivas, se procuró un pequeño capital, cuando aún era invierno, y que depositó fianzas por todas las presas de aceite de Mileto y Quíos, alquilándolas a bajo precio porque nadie licitó contra él. Cuando llegó el momento oportuno, al ser muchos los que a la vez y de repente las pedían, las iba alquilando al precio que quería y reunió mucho dinero, demostrando así que es fácil a los filósofos enriquecerse, si quieren, pero que no son las riquezas lo que les interesan»2.

Con estas anécdotas, podemos darnos cuenta de que primeramente los filósofos eran mal vistos porque en vez de estar atentos a las cosas que sucedían en la tierra, se preocupaban más por cómo o por qué sucedían tales cosas. Lo cual, para las personas normales, era una actividad improductiva y que además, al no estar atentos al mundo terrestre estaban más expuestos a pasar malos ratos por pasar desapercibidos de lo que había alrededor.

Con el paso del tiempo, la filosofía evolucionó y los filósofos comenzaron a hacerse otro tipo de preguntas. Surgieron nuevas dudas y campos de estudio de interés para la filosofía más relacionados con la humanidad que con la conformación del mundo. Temas relacionados con la justicia y el bien fueron las principales preocupaciones de los filósofos de la época socrática, de la cuál Sócrates (470 – 399 a. C.) fue el mayor exponente, y de quien tenemos albergado la mayor parte de su conocimiento en los diálogos platónicos.

Sócrates fue uno de esos filósofos condenados a muerte por las leyes atenienses. Sócrates fue un filósofo que utilizaba la dialéctica3 para tratar de conocer, de llegar a la sabiduría, a la verdad. Él acostumbraba ir en busca de los sabios de la polis4 para entablar conversaciones. Ponía en práctica el diálogo con políticos, sofistas, artesanos y con todo aquel considerado virtuoso o sabio en la polis ateniense.

Él fue acusado y le hacen «culpable, por corromper a los jóvenes, porque no cree en los dioses del Estado, y porque en lugar de éstos pone divinidades nuevas bajo el nombre de demonios»5. En realidad, Sócrates fue acusado porque a lo largo de sus entrevistas con los supuestos sabios de la polis, fue demostrándoles que en realidad no eran sabios y que su supuesta sabiduría era sólo doxa6. Así, haciéndoles ver que no eran sabios, demostrándoles sus equivocaciones fue haciéndolos de él, enemigos, fue creando rencor hacia él.

Sócrates fue pues un verdadero parresiastés. Y Es de hecho así como deben serlo todos los filósofos si lo que buscan y aman es la verdad y la sabiduría. «El parresiastés no sólo es sincero y dice lo que es su opinión, sino que su opinión es también la verdad. Dice lo que él sabe que es verdadero. La segunda característica de la parresía7 es, entonces, que hay siempre una coincidencia exacta entre creencia y verdad»8, así como la hay entre teoría y praxis9.

Según Michel Foucault, en su libro Discurso y verdad en la antigua Grecia, «alguien utiliza la parresía y merece consideración como parresiastés sólo si hay un riesgo o un peligro para él en decir la verdad (…) Cuando un filósofo se dirige a un soberano, a un tirano, y le dice que su tiranía es molesta y desagradable porque la tiranía es incompatible con la justicia, entonces el filósofo dice la verdad, cree que está diciendo la verdad y, más aún, también asume el riesgo»10.

Sócrates asumió el riesgo de generarse enemigos, y no simples enemigos, sino aquellos que eran los sabios y educadores de la polis, principalmente los sofistas, quienes bien sabía que podrían condenarlo. El parresiastés debe siempre decir la verdad, sin importar que esa verdad pueda resultar una ofensa para el interlocutor. Y aunque Sócrates sabía que sacar de la opinión a sus interlocutores era algo benéfico para ellos, ellos persuadidos por el coraje y enojo que les causaba Sócrates al desocultar su ignorancia, llegaron a odiarlo.

Los sofistas, en la antigua Grecia al parecer fueron los principales opositores de los filósofos. ¿quienes eran los sofistas? Eran los educadores del pueblo, el sofista «es el conocedor de las cosas sabias»11. Sin embargo, los filósofos como Sócrates se contraponen a los sofistas y su método, la retórica, como un método que persuade al pueblo. El mismo Georgias así lo afirma en el diálogo que lleva su nombre hablando así de la retórica: «(…) es el mayor bien; y les procura la libertad y, a la vez permite a cada uno dominar a los demás en su propia ciudad. (…) Ser capaz de persuadir, por medio de la palabra, a los jueces en el tribunal, a los consejeros en el Consejo, al pueblo en la Asamblea y en toda otra reunión en que se trate de asuntos públicos»12.

Es decir, los sofistas no perseguían la sabiduría ni buscaban la verdad, simplemente trataban de persuadir para dominar y para ganar dinero. Entonces, aparentemente eran maestros de sabiduría, mientras que los filósofos por otro lado son, amantes de la sabiduría y de la verdad. Es por eso que unos con otros aparecían en constantes discusiones durante la Grecia antigua.

La actividad filosófica no es una actividad que busque la riqueza para quién a ella se dedica. Los filósofos se dedican a tal actividad por el hecho de que aman la sabiduría, sin embargo, no se procuran de ella para vivir con comodidades y lujos. Como ya lo mencioné anteriormente, los filósofos también eran despreciados por dedicarse a una actividad aparentemente improductiva. Así, los sofistas también tachaban a los filósofos de conformistas, pero también los tachan de inútiles, pues al parecer la filosofía busca la verdad, pero nunca la encuentra. Para los sofistas pues, la filosofía es como un juego que ayuda a pensar, que complementa la educación, pero éste es un juego propio de la niñez, pues los niños justamente no tienen obligaciones y pueden libremente entretenerse con la filosofía; pero cuando se llega a la edad adulta, uno ya no debe dedicarse a la filosofía, pues ya se tienen obligaciones y responsabilidades respecto a la polis y éstas se deben cumplir realizando alguna actividad productiva.

En el libro seis de La República de Platón, el Sócrates platónico que dialoga aquí se enfrenta con la situación de demostrar porque razón los filósofos son despreciados. Según el texto, los filósofos son como los enamorados respecto al objeto de su amor, pues aman todo lo que afecta a tal instancia. Al mismo tiempo, le tienen pánico a la mentira, pues la mentira es contraria a su objeto amado, a la verdad. Según Sócrates, estos hombres (los filósofos), virtuosos y amantes de la verdad y sabiduría, son quienes deberán gobernar en la república y con su argumentación convence. Pero al tomar Adimanto la palabra le dice: «Sócrates, nadie puede negarte la verdad de lo que acabas de decir, pero esto es lo que siempre sucede a quienes conversan contigo. Piensan que porque no conocen el arte de preguntar y responder, poco a poco son conducidos al error por medio de una serie de preguntas cuyas consecuencias no ven de inmediato, pero que ligadas las unas a las otras, terminan por creer exactamente en todo lo contrario que habían creído en un principio. (…) es imposible oponer algo a tus preguntas en particular, pero si la cosa en sí se examina, podemos ver que quienes se dedican a la filosofía, no sólo los que lo hacen en su juventud para completar su educación, sino los que envejecen en ese estudio, son en su mayoría extraños y miserables, por no decir algo peor, y en cambio los más capaces se vuelven inútiles para la sociedad por haberse dedicado a este estudio que tanto elogias»13

Sócrates, para demostrar la utilidad de los filósofos en la sociedad, responde haciendo una comparación: «Imagínate al capitán de una nave (…) Más grande y más fuerte que el resto de la tripulación, pero algo sordo, miope y con poco conocimiento del arte de la navegación; además, los marineros se disputan el timón, sin que ninguno de ellos posea conocimientos náuticos (…) argumentando que es una ciencia que no puede aprenderse (…) Los excluidos matan y arrojan al mar a los que han sido elegidos, después emborrachan al capitán y le causan sueño (…) Se adueñan del navío, se echan sobre las provisiones, comen y beben en exceso, y dirigen la embarcación como sólo tales individuos podrían hacerlo (…) Por otra parte, no saben lo que es un piloto y que para serlo, deben conocer con exactitud el clima, las estaciones, el cielo, los astros, los vientos y todo lo relacionado con este arte; y en cuanto al talento de dirigir una nave, la tripulación se oponga o no, no creen posible unir a él los conocimientos del pilotaje. ¿Qué idea consideras que se tiene, en estas naves, sobre el verdadero piloto? Los marineros que yo describo, ¿no le tendrán como hombre inútil y visionario que pierde su tiempo contemplando los astros? (…) No creo que sea necesario demostrarte que este cuadro es la imagen fiel del trato que reciben los verdaderos filósofos en los Estados»14

Siendo así, concluyo haciendo una observación resumida y generalizada de todos los puntos descritos en el documento. Los filósofos son personas amantes de la sabiduría y de la verdad. Ellos son verdaderos parresiastés, es decir, tienen coherencia entre su teoría y praxis, al igual que tienen concordnacia entre su doxa y episteme15, y que encima de todo asumen un riesgo al comportarse, decir y actuar como tal. Amantes del conocimiento y enemigos de la mentira pues, son los filósofos, y éstos, se han ganado el desprecio o menosprecio, y condena de la sociedad por ser aparentemente inútiles, por no realizar actividades productivas y por pasarse la vida jugando a encontrar una verdad que nunca encontrarán. Además, al ser sinceros en su búsqueda de la verdad, se ven en la necesidad de decir a sus interlocutores lo que ellos creen que es la verdad, y en muchas ocasiones, a la gente no le gusta escuchar sus verdades, más aún, muchos se sienten ofendidos. Al sentirse ofendidos, toman enemistad hacia quien les ha hecho ver esa verdad que no querían ver y los condenan.

Sin embargo, como nos hace ver Platón en el libro seis de La República, con la comparación de la sociedad con la embarcación, los filósofos tienen la fórmula para hacer andar la sociedad correctamente, pues ellos se dedican a observar el mundo, a indagar por los problemas de la sociedad, a tratar de descubrir por qué y cómo son las cosas. Es decir, racionalizan el mundo, lo estudian, y gracias a ese estudio encuentran soluciones para mejorarlo; sin embargo, por ignorancia será que el resto de la sociedad ve esta actividad de analizar el mundo como una actividad inútil, pues no ven productividad alguna en analizar, y digo que es ignorancia porque por lógica y racionalidad debemos tener en cuenta que, para solucionar algo, primeramente debemos buscar la raíz del problema, es decir, analizar el problema. Peor aún es para los tiranos o gobiernos totalitarios la actividad de los filósofos, pues en su caso, son los filósofos quienes pueden poner en duda el funcionamiento de su gobierno, con lo cual, se arriesga su poder y riqueza, por lo cual, tienen una constante guerra contra los filósofos.

Bien puedo citar aquí palabras de Mary Midgley en su obra Delfines, Sexo y Utopías, en donde compara a la filosofía con el oficio de la fontanería. Dice: « Los he comparado en varias ocasiones con la pretensión de subrayar la idea de que filosofar no sólo es algo sublime, elegante y difícil, sino también necesario. (…) La fontanería y la filosofía son actividades que surgen debido a que culturas complejas como las nuestras cuentan, bajo su superficie, con un sistema bastante intrincado que por regla general pasa inadvertido, pero que aveces no funciona adecuadamente. En ambos casos, esto puede tener graves consecuencias. Cada sistema satisface necesidades vitales de quienes viven por encima de él. Resulta difícil arreglarlos cuando fallan, ya que ninguno de los dos se diseñó conscientemente para operar como un todo. (…) Cuando aparece algún problema, se precisa una técnica especializada, si es que se pretende tener alguna esperanza de localizarlo y corregirlo. Aquí, sin embargo, nos topamos con la primera diferencia acusada entre los dos casos. En lo tocante a la fontanería, todo el mundo acepta la necesidad de especialistas cualificados. En materia de filosofía son muchos los que no sólo ponen en duda esta necesidad, sino que a menudo se muestran escépticos sobre la propia existencia de un sistema subterráneo. Cuando los conceptos con los que vivimos funcionan mal no suelen gotear ruidosamente desde el techo ni inundar el suelo de la cocina. Sólo distorsionan y obstruyen silenciosamente nuestro pensamiento. A menudo no somos conscientes de este oscuro mal funcionamiento en la misma medida en que lo somos del malestar producido por un continuo mal olor o un resfriado que avanza lentamente. Claro que podemos quejarnos de que la vida nos va mal, de que nuestras acciones y relaciones no marchan como queremos. Pero puede resultar muy difícil darse cuenta de por qué ocurre, o qué hacer al respecto. Nos es más fácil buscar el origen del problema fuera de nosotros mismos. (…) Nuestra atención se dirige de forma natural hacia afuera, hacia los defectos del mundo que nos rodea. Darle la vuelta al pensamiento para poder observase a sí mismo críticamente es bastante difícil. Esta es la razón por la que, en cualquier cultura la filosofía ha tenido un desarrollo relativamente tardío»16.

La filosofía, la compara Platón con el arte de navegar y la compara Midgley con el oficio de la fontanería. En ambos caos se cree que la filosofía no es necesaria, pues para resolver problemas se evita la situación de analizarlos, en cambio, simplemente nos dejamos llevar por la situación, buscamos culpables en vez de buscar soluciones y así, el problema va creciendo hasta que todo se derrumba.

En la actualidad, los filósofos siguen siendo menospreciados, tachados de inútiles y miserables. El mundo de hoy es un caos, las personas viven cómodamente en el mundo capitalista, pero esa vida cómoda que llevan acarrea ciertas consecuencias que la gente común no quiere ver, o como Midgley lo dice, buscan al culpable en el exterior. Hace falta en la población ese sentido crítico que la filosofía proporciona, pero como la filosofía es una actividad “inútil e improductiva”, nadie quiere practicarla y de hecho, hay una guerra en la que intentan desaparecerla de la educación. Así, la raíz de los problemas sigue pasando desapercibida y hay pocos filósofos que los analicen, y a quien los analiza, nadie los quiere escuchar o en el peor de los casos, quieren silenciarlos.

Así, desde el mundo antiguo en que nació la filosofía hasta el día de hoy, los practicantes de esta “profesión de locos”, han sido y son despreciados y condenados, a pesar de que su único delito sea, procurar el bien para todos, la virtud y la verdad.

1Los filósofos presocráticos, G. S. Kirk, J. E. Raven Y M. Schofield, Pag. 91

2Los filósofos presocráticos, G. S. Kirk, J. E. Raven Y M. Schofield, Pag. 92

3En la epistemología platónica es el proceso o método de conocimiento que nos va a garantizar el conocimiento absoluto de las ideas supremas. Está basado en el diálogo de preguntas cortas y respuestas cortas.

4La denominación dada a las ciudades estado de la antigua Grecia.

5Apología de Sócrates, Platón, Pag. 16

6Doxa (δόξα) es una palabra griega que se suele traducir por ‘opinión’.

7Traducida normalmente al castellano por «franqueza».

8Discurso y verdad en la antigua grecia, Michel Foucault, Pag. 39

9Praxis es el proceso por el cual una teoría o lección se convierte en parte de la experiencia vivida. Es decir, llevar a la práctica la teoría.

10Discurso y verdad en la antigua grecia, Michel Foucault, Pags. 41, 42

11Protágoras, Platón, Pag. 509.

12Gorgias, Platón, Pag 32.

13La república, Platón, Pag. 224.

14La república, Platón, Pag. 226

15Ciencia. Algo pasa de ser doxa a episteme cuando está rigurosamente argumentado.

16Delfines, Sexo y utopías, Mary Midgley, Pags. 13, 14.

Bibliografía:

  • Platón, Apología de Sócrates, Editorial Concepto S.A., México, D.F., 1985.
  • G. S. Kirk, J. E. Raven Y M. Schofield, Los filósofos presocráticos, Editorial Gredos.
  • Platón, Protágoras, Editorial Gredos.
  • Platón, Gorgias, Editorial Gredos.
  • Platón, La República, Grupo Editorial Tomo, S. A. De C. V., México D. F. 2008.
  • Foucault ,Michel, Discurso y verdad en la antigua grecia, Paidós, Buenos Aires, 2004.
  • Midgley, Mary, Delfines, sexo y utopías, Fondo de cultura económica, Gráficas Palermo, Madrid, 2002.

La estética de Kant

13 diciembre, 2010

Immanuel Kant (1724-1804), nació en Königsberg, es considerado uno de los filósofos más importantes de la modernidad y es un gran representante del idealismo alemán. Se formó en un hogar pietista, la cual es una tradición religiosa que mucho sintoniza con la teoría de la sensibilidad1, por lo cual, se guía en gran medida por esta teoría y por su puesto, por los pensamientos e ideas surgidas en la ilustración. Kant afirmaba que las sensaciones agradables o desagradables se suscitan más gracias a la sensibilidad particular de cada hombre que a las condiciones externas, porque cada hombre sólo es feliz al satisfacer lo que sus propias sensaciones le piden.

¿Qué es lo bello para Kant? Para resolverlo, Kant se refiere a la representación, no tratando de entender al objeto para conocerlo, sino utilizando la imaginación respecto al sentimiento de placer o dolor. Su juicio pues, no es lógico, es estético, entendiendo que su base determinante no puede ser más que subjetiva. Es decir, se debe tener conciencia de la representación del objeto, y unirla a la sensación de satisfacción, para lo cual, no hace falta el conocimiento del tal objeto2.

Tal satisfacción debe ser desinteresada, definiendo como interés, el deseo de la existencia del objeto. Durante la Ilustración, autores como Hume redujeron la belleza a la utilidad y al interés, es decir, relacionaban la belleza con todo lo que a su propietario podía causarle placer. Era pues mero interés a la posesión3. Kant es uno de los autores que se contraponen a este interés estético. Cuando se quiere determinar si algo es bello, no se requiere darle importancia a su existencia, sino a la contemplación que le damos y la satisfacción que nos causa tal contemplación. Por tanto, para determinar si algo es bello debe bastar con saber si la mera representación del objeto va acompañada en quien contempla de satisfacción, aun si le es completamente indiferente la existencia del objeto representado. Esto, según Kant, porque cuando se mezcla el interés, el juicio es parcial y no un juicio del gusto.

Por la misma situación, Kant diferencia lo bello de lo agradable y de lo bueno. Definiendo como agradable a lo que place a los sentidos en la sensación. Cuando un objeto es declarado agradable, expresa un interés mediante la sensación. La satisfacción proporcionada por lo agradable presupone entonces, la relación de su existencia con la afectación que pueda dar a quién le agrada4. Es decir, lo agradable agrada por interés, y como lo bello no es bello por interés, para Kant lo agradable, no es lo bello.

Respecto a lo bueno, Kant lo define como, lo que por medio de la razón y por el simple concepto, place. Se puede decir que es útil o bueno para algo cuando place como medio, y bueno en sí cuando place en sí mismo; pero en ambos casos hay un fin o un interés. Por lo tanto, tampoco lo bueno es lo bello5. Para definir si algo es bueno se debe tener un conocimiento del objeto, y como ya se mencionó anteriormente, lo bello no requiere tal conocimiento.

Entonces, tanto lo bueno como lo agradable se relacionan con el interés y el deseo. Es decir, no sólo la representación del objeto genera placer, sino también la existencia de éste, mientras que en el juicio de lo bello sólo importa la contemplación, y si el objeto representado existe o no, no importa porque aún así sigue satisfaciendo. Llámese pues agradable a lo que deleita inmediatamente, es decir, que no requiere de reflexión sino solamente de la sensación; bello a lo que place, y que depende de la reflexión sobre la contemplación de la representación del objeto; y bueno a lo que es aprobado, es decir, que también requiere de reflexión, pero una reflexión dirigida a la utilidad. Entonces, Kant concluye de estas tres formas de satisfacción, que la del gusto en lo bello es la única satisfacción libre. Pues de la inclinación en lo agradable, la complacencia en lo bello y la estimación en lo bueno, la complacencia es la única desinteresada.

Pero también hay que distinguir lo bello de otra categoría estética, lo sublime, el cual, al igual que lo bello, genera satisfacción desinteresada en quien lo contempla, y ambas son, placeres originados por el juicio del gusto que pronuncia Kant. Lo sublime suele representar cosas grandiosas, impresionantes o conmovedoras de la naturaleza, en casos unidas al terror, a lo noble o a la magnificencia. Es decir, lo sublime place, pero tal placer lo transmite infestado de asombro y respeto. Ejemplos de representaciones sublimes son: La muerte, la noche, el tártaro, entre otros. Lo sublime puede acompañar al placer de cierto terror o melancolía; en algunos casos, meramente de un asombro tranquilo, y en otros, un sentimiento de belleza extendido sobre una disposición general sublime6.

Lo bello por otro lado, en vez de conmover, encanta. A diferencia de lo sublime que es siempre grande, lo bello puede ser pequeño y aún así, complacer. El día es un ejemplo de representación bella, el cuerpo de una mujer, las hermosas flores, todos agradan de una manera bella que se diferencia mucho de la satisfacción obtenida por las representaciones sublimes asombrosas.

Ambos conceptos, bello y sublime, requieren del desinterés para poder diferenciarse lo de agradable y de lo bueno, y son para Kant, las dos categorías estéticas que requieren para satisfacer, simplemente de la contemplación y no del objeto representado. Cuando tal satisfacción en la contemplación se consigue de una manera subjetiva y desinteresada, se puede decir que es un juicio estético del gusto.

Sin embargo, hay claras criticas a la estética kantiana, a la subjetividad y al desinterés. Según Theodor W. Adorno, el desinterés a la obra de arte le aleja del efecto inmediato que la satisfacción quiere conservar, lo cual prepara la quiebra de la supremacía de esa satisfacción. Dice que, al desinterés propio del arte tiene que acompañarle la sombra del interés más salvaje7. Y en esta situación, estoy de acuerdo con Adorno, ya que, cómo podría complacernos una obra de arte por la cual mostramos desinterés. En todo caso tendríamos que mostrar un cierto interés por ella (a lo que Adorno llama el interés más salvaje), para hacer esa reflexión de la que habla Kant y conseguir así la satisfacción obtenida por la contemplación de la representación del objeto. De otro modo, dice Adorno que el desinterés puede convertirse en indiferencia.

En este caso, la obra de arte debe quedar sometida a un cierto tipo de interés si requiere la contemplación. De lo contrario, todos pasaríamos por alto las obras u objetos bellos y no podríamos satisfacernos con su belleza. Lo cual Kant niega con el concepto de libertad y autonomía de las obras de arte en lo que no sea propio del sujeto. Así, deja al arte desposeído de todo contenido y en su lugar coloca la simple satisfacción. Entonces, Adorno define la estética kantiana como placer castrado8. A entender entonces, Adorno difiere de la estética de Kant por subjetiva y lo que hace con el juicio del gusto en asentar su universalidad9.

Tal universalidad se da porque, «el que juzga, siendo completamente libre, con relación a la satisfacción que dedica al objeto, no puede juzgar un objeto de bello diciendo que “es bello para mí”. Pues no puede llamarlo bello si sólo a él le place. A diferencia de lo agradable que si puede decir “esto me agrada a mí” y de lo bueno que puede decir “esto me sirve a mí”, con lo bello no se puede juzgar así.»10. Es decir, hay cosas que pueden ser útiles o agradables para cierto individuo, sin necesidad de que lo sean para otro; sin embargo, con lo bello, se requiere que lo que causa satisfacción a uno, lo cause también en los demás. Se refiere tal universalidad entonces a que la belleza es una propiedad de las cosas.

Pero esta belleza como propiedad de los objetos también tiene sus antítesis. Hume, por ejemplo dice que la belleza no es una cualidad de las cosas, sino que «existe solamente en la mente que la contempla, y cada mente percibe una belleza diferente.» Por otro lado Burke señala que es una cuestión de grados, teniendo en cuenta factores tales como la sensibilidad natural o capacidad de nuestros órganos, la experiencia, la observación, etc.11

Bajo esta situación, no estoy de acuerdo con Kant en que el gusto es universal, ni con Hume que dice que la belleza no es una propiedad de las cosas. Pues me parece que la belleza sí es una propiedad de las cosas, y que es ésta es la universal, mas no el gusto. El gusto es el tipo de cosa que es individual, pues cada persona, respecto a su formación y educación tendrá gustos diferentes. Pero las cosas que son bellas realmente, nada ni nadie les quita el encanto. Las cosas bellas, tienen la belleza como una propiedad; sin embargo, aun conteniendo tal belleza, habrá quienes su gusto difiera de tal. Igualmente hay cosas sin belleza, las cuales seguramente habrá a quienes les gusten a pesar de que en la existencia del objeto representado no haya interés alguno; pero no porque a cierto individuo le guste será necesario que la representación sea bella, y que el resto de los individuos se adhieran a tal gusto.

Siendo así, no es posible igualar el gusto con la belleza. Pues de hecho, habrá quienes tengan cierto gusto por objetos que de bellos nada tengan. Y tampoco me refiero a lo agradable, pues, ciertamente puede haber alguien que simplemente disfrute de contemplar la representación de algo que no sea bello. Es decir, concuerdo con Kant en que la belleza es una propiedad de las cosas; pero las cosas que contienen esta propiedad, no siempre les va a gustar a todos, y quienes logran apreciar y encontrar tal belleza, será precisamente por la razón que enuncia Kant, por una reflexión sobre la representación del objeto; pero tal reflexión, para poder llevar al gusto y a la satisfacción, requerirá que el sujeto que contempla tenga cierta educación que le ayude a reconocer la belleza de tal representación.

El juicio del gusto, según Kant, exige una universalidad subjetiva o aprobación de todos, no es un juicio de conocimiento, sino de placer o dolor, en un objeto dado, es decir, pretende una finalidad subjetiva que valga comúnmente para todos y que no se debe fundar en concepto alguno de la cosa12. Pero si tal aprobación, se exige de todos, al ser exigida, no significa que todos estén dispuestos a tal aprobación, por mas que la representación sea realmente bella y plazca a la gran mayoría, seguramente habrá alguien, pocos o muchos, a quienes tal representación no plazca ni cause satisfacción alguna.

Dice Kant que el juicio del gusto, no es un juicio de conocimiento. Y así es, siempre y cuando, tal conocimiento se refiera al concepto u objeto representado. No Requerimos conocerlo para hacer un juicio estético si el único fin es obtener placer de la contemplación. Su origen o contenido, no importa, lo que importa es la satisfacción obtenida. Pero como ya mencioné antes, no todos podemos encontrar tal satisfacción en los mismos objetos, porque no todos tenemos el mismo juicio sobre el gusto; éste, cada quien lo tendrá desarrollado de diferente manera, según su educación.

Esto da a entender que, para decidir si alguna representación nos gusta requerimos de un juicio a priori. Es decir, no hace falta tener una experiencia o una formación estética. Para lo que sí requerimos tal formación es entonces, para decidir si algo es bello o no lo es. Esto sí requeriría de una reflexión y hasta de una experiencia para juzgar. Por tanto, el juicio para definir la belleza sería un juicio a posteriori.

El mismo Kant dice en una de sus características para el juicio del gusto, «cuando alguien no encuentra bello un edificio, una perspectiva, una poesía, no se deja imponer interiormente la aprobación por cien votos que la aprecian altamente. Puede, es cierto, presentarse, como si ello le pluguiese, para no pasar por persona sin gusto (…) pero ve claro, sin embargo, que la aprobación de otros no proporciona prueba alguna valedera para el juicio de la belleza, y que el hecho de que otros observen y vean por él, y lo que muchos hayan visto de una misma manera, puede servir, es cierto, para que crea haberlo visto de otro modo (…) El juicio de otros, cuando nos es desfavorable, puede, desde luego, con razón, hacernos pensar, considerando el nuestro, pero no puede nunca convencernos de la incorrección de éste. Así, no hay base alguna empírica de prueba para forzar el juicio de gusto de alguien.»13

En la actualidad veo que, “el gusto” de un individuo sí puede ser influenciado por lo que sucede en su entorno. Pues se ve claramente en la sociedad que cuando algo se pone de “moda”, basta que a algunos les guste para que contagien a los demás y así, todos quieran adherirse a ese “gusto común” del cual la gran mayoría son miembros o simplemente como dice Kant, para no pasar por persona sin gusto. Pero realmente eso no es un juicio del gusto, más bien parece una manera con la cual muchos buscan integrarse en un circulo social simplemente imitando el gusto de las mayorías. Esto entonces, no es gusto sino imitación. Por lo cual, tal y como dice Kant, el juicio del gusto sigue siendo meramente subjetivo.

Entonces, la idea del juicio de gusto para Kant es sólo una creencia, la cual consiste en una validez subjetiva, y ésta pretende extenderse a todo el mundo como si el juicio fuera objetivo. Es decir, el que contempla y gusta de algo, pretende universalizar su gusto tratando adherir a todos a su juicio, el cual, aunque no ha pasado por prueba alguna para sustentar su belleza, el sujeto pretende hacer sustentar que sí lo ha hecho y que tal prueba ha sido superada. Es decir, pretende hacer de su juicio subjetivo algo objetivo.

El juicio del gusto no es determinado por objetos, sino que se funda solamente en la condición formal subjetiva de un juicio en general. La condición subjetiva de todos los juicios es la facultad misma de juzgar14. Esto en palabras del mismo Kant. Por tanto, el juicio del gusto para Kant es subjetivo.

Pero Adorno, en la crítica del concepto kantiano de objetividad, entiende el agrado kantiano como una unidad de su misma estética que es exterior a la obra de arte15. «Para Adorno la obra de arte tiene entidad por sí misma, que su ser (estético) no deriva meramente de su adecuación a la subjetividad, sino que, antes bien, la trasciende, y que, por tanto, posee alguna forma de “objetividad”»16.

Con todo esto, me queda concluir que Kant aportó e hizo buenas observaciones estéticas. Distingue acertadamente el juicio del gusto de lo que sería lo bueno y lo agradable, sustentando como éstas categorías mantienen un cierto interés en la existencia de los objetos representados, y hace una buena distinción también en su obra de Observaciones sobre lo bello y lo sublime sobre tales categorías estéticas que, siendo ambas desinteresadas, una inspira en su satisfacción cierto respeto, es decir, conmueve y la otra simplemente encanta. Concuerdo con Kant en que la belleza es una propiedad de las cosas, pues justamente, si algo es bello, lo será a pesar de que haya juicios que lo desacrediten; sin embargo difiero con Kant en que el gusto sea universal, pues como lo expresé en el cuerpo del documento, creo que el juicio del gusto requiere de cierta formación estética para poder descubrir belleza en alguna representación bella. Quien no tenga tal formación, seguramente le parecerá bella cualquier cosa, lo sea o no, y ese será su gusto, personal y subjetivo, del cual habrá más de uno que difiera, pero no por eso, él cambiará de gusto, a menos que ciertas condiciones sociales así lo conduzcan, pero en este caso ya no sería un juicio del gusto, sino simple imitación.

1Simón Marchán Fix, La estética en la cultura moderna, pag. 23

2Immanuel Kant, La crítica del juicio, pags. 251,252

3Simón Marchán Fix, La estética en la cultura moderna, pags. 33, 34

4Immanuel Kant, La crítica del juicio, pag. 254

5Immanuel Kant, La crítica del juicio, pag. 255

6Immanuel Kant, Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime, Pag. 164

7Th. W. Adorno, Teoría Estética, Pags. 33, 35

8Th. W. Adorno, Teoría Estética, Pag. 35

9La verdad está en juego, Berta M. Pérez, Pag. 249

10Immanuel Kant, La crítica del juicio, pags. 258, 259

11Simón Marchán Fix, La estética en la cultura moderna, pag. 31

12Immanuel Kant, La crítica del juicio, pag. 320

13Immanuel Kant, La crítica del juicio, pags. 323, 324

14Immanuel Kant, La crítica del juicio, pag. 226

15Th. W. Adorno, Teoría Estética, Pag. 275

16La verdad está en juego, Berta M. Pérez, Pag. 255

Bilbiografía:

  • Marchán Fiz, Simón, La estética en la cultura moderna, Alianza Editorial, S. A., Madrid, 2000.
  • Kant, Immanuel, Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime, Editorial Porrua, S. A. De C. V., México, D.F., 2003.
  • W. Adorno, Theodor , Teoría Estética, Ediciones Akal, Madrid, 2004.
  • M. Pérez, Berta, La verdad está en juego, Facultad de filosofía, Universidad de Valencia, 2009.
  • Kant, Immanuel, Crítica del juicio, Editorial Porrua, S. A. De C. V., México, D.F., 2003.